Poemas
Versos para detenerse
Poemas nacidos de la introspección, la memoria y la búsqueda interior.
Cada uno es una pausa. Una pregunta. Un reflejo.
Algunos hablan del amor. Otros de la pérdida, la fe, el tiempo o la condición humana.
Una selección de versos escritos a lo largo de los años, unidos por una misma necesidad: comprender.
La mirada en sus ojos lo decía todo
El dolor que desbordaba, no tenía fin
Y el horror que reflejaban las manchas en el lodo
Solo resaltaban la muerte a venir
Las lágrimas caían lentamente a la tierra
Ávida, aquella, las absorbía sin cesar
Ocre el olor que emanaba fuerte de ella
Como ocre era el humo que no dejaba mirar
Han pasado treinta años y un día
Desde el día en que te despedí
De mi vida a un instante de la tuya
Y la vida que en tus manos yo perdí
Ya no sé y no importa el motivo
Sólo recuerdo el dolor que conocí
Solo recuerdo el destrozo de mi alma
Y el horror con el que a ti después te vi
¿Dónde estás mi corazón, a dónde has ido?
¿Dónde te puedo encontrar?
En mi pecho has dejado un gran vacío.
No hay nada que lo pueda rellenar.
¿Dónde estás mi alma, qué te has hecho?
¿Por qué ya no me hablas más?
El muerto que hoy vive en mi pecho,
Ya no tiene nada que contar.
Desilusionado estoy del mundo.
Desilusionado de la humanidad.
Sumida en un sueño profundo,
No quiere de él despertar.
No quiere ver que en sus manos
Se cuece el destino del mundo.
No quiere saber de verdades,
Disfruta del sueño profundo.
¿Será que he perdido el don de la palabra?
¿Será que mi mente me pide descansar?
¿Será que, hoy por hoy, me hundió la esperanza
Y el mundo frío en el que vivo por fin dejó de brillar?
¿Será que, hoy por hoy, mi tumba me sonríe
Y desde lejos su negrura atrae mi atención?
¿Será que el mundo de hoy destruye o corrige
Dejando que mi vida sea una del montón?
De mano de los ángeles, camino por el Cielo.
No veo por la luz que deslumbra lo que veo.
No siento ni los pies, tan solo alegría
Y paz con mi razón y lo que es mi vida.
La paz del corazón, que tanto anhelaba,
Silencio en la razón, que solo asustaba.
Descanso del cansancio del duro día a día
Que aquí, en el Cielo, es solo alegría.
En treinta horas pasa el día, aunque parece que es más largo,
pero no es el tiempo en sí, tan solo pasa el encanto,
de la manía de medir el tiempo en horas y segundos,
tal vez mejor es esperar a que solo acabe el mundo.
Que en un momento de la espera el fin se acerque sin contar,
y sin saber el tiempo largo que aún nos queda esperar.
Y sin contar ni un momento de lo que ha pasado en la vida,
en la eternidad de un segundo comprime todo distraída.